La pregunta podría acompañarse de la siguiente, como método de indagación: ¿Conoces a alguien que se comporte de manera absolutamente coherente en sus pensamientos y acciones?

Puedo atreverme a responder que no. Porque el ser humano se comporta siempre de forma ambivalente,  inevitablemente ambivalente y contradictoria: así es la naturaleza humana. Ser completamente coherentes está fuera de nuestro control racional. En palabras de G. Nardone: “La coherencia absoluta pertenece a otro mundo, no al de los humanos. Cuando se la exigimos a los demás o a nosotros mismos entramos en el ámbito de la patología disfrazada de virtud”.

Caer en la rigidez de la coherencia sistemática impide la adaptación flexible a los cambios de la realidad, lo que constituye el principio fundamental de la supervivencia de todos los seres biológicos: cambiar, adaptarse y evolucionar.

“Si la premisa es errónea, mediante un razonamiento correcto por ser coherente, puedo llegar a resultados desastrosos”, añade G. Nardone. Recordemos la historia del hombre al que le aterrorizaba la idea de subir a un avión por miedo a un atentado. Los cálculos de probabilidad que le proporcionó un amigo matemático le llevaron a un comportamiento del todo coherente pero desastroso: si la probabilidad de que suban dos bombas a un avión es aún menor a que suba solo una, me subo yo al avión con una bomba y de esa manera reduzco sistemáticamente la probabilidad de sufrir un atentado a mí mismo y a todo el pasaje. Ni qué decir tiene que la coherencia llevó a este hombre virtuoso a la cárcel.

La historia y la ciencia nos han demostrado que los únicos que nunca cambian de idea son los estúpidos y a veces los locos. La ferocidad de la coherencia ideológica más extrema ha sido causa de guerras y acciones atroces, basta pensar en Hitler y en los horrores de la Alemania nazi.

Para prevenir esta psicotrampa es necesario aprender a aceptar las incoherencias ajenas y las propias, evitando convertirnos en jueces implacables de las incoherencias inevitables de los demás y de nosotros mismos.

De nuevo, en palabras de Giorgio Nardone:

Pretender suprimir la ambivalencia es como intentar meter un gato en un saco: arañará, morderá y una vez libre no habrá quien lo maneje, mientras que podemos domesticarlo y hacernos sus amigos si respetamos su característica de ser incoherente a veces y por tanto de estar fuera de nuestro control racional“.

 

Profundiza más sobre las psicotrampas del pensamiento y de la acción en el libro de Giorgio 
Nardone "Psicotrampas. Identifica las trampas psicológicas que te amargan la vida y encuentra 
las psicosoluciones para vivir mejor" (Paidós)

 

Sobre el autor

Alicia García Aguiar

Psicóloga colegiada M-25212, especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado (psicoterapeuta oficial) del CTS que dirige Giorgio Nardone. Responsable de Formación del Máster Oficial de Sevilla. Para más información sobre este enfoque de terapia visita mi blog "De Terapia Breve Estratégica" (www.detbe.com)
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