La investigación y la experiencia en el trabajo con parejas en conflicto ha llevado a identificar una serie de errores fatales en la comunicación que pueden extenderse también a la comunicación con uno mismo y no solo a la comunicación con los demás:

-PUNTUALIZAR: Pocas cosas pueden ser tan fastidiosas como sentir que nos explican cómo son las cosas y cómo deben ser para que funcionen mejor, incluso aunque sepamos que tienen razón. Produce una gran irritación y hace surgir un fuerte deseo precisamente de transgredir las reglas de la relación. La persona racional y sensata puntualizadora se convierte en un tremendo pelmazo, provocando emocionalmente la reacción de fuga o conflicto y la anulación del deseo.

-RECRIMINAR: El acto de recriminar provoca que la culpa se transforme incluso en legítimo derecho y provoca en el acusado reacciones emotivas de rebeldía. Estas reacciones anulan la culpa y hacen que nazca el deseo de escapar o de atacar.

-ECHAR EN CARA: El que echa en cara se coloca como víctima del otro, su dolor es usado para inducir correciones en el que ha errado. Sin, embargo y por desgracia, esto no solo no se consigue sino que la pareja suele enfadarse e incluso ser más opresivo. Maturana afirma: “No son los tiranos los que crean a los oprimidos sino al revés”. Esto quiere decir que si yo me pongo en el rol de víctima de otro a éste lo convierto automáticamente en mi verdugo. Es una forma de complementariedad patógena de comunicación en la que la víctima aumenta la sensación de serlo y solo desencadena más rechazo o agresión.

-SERMONEAR: Proponer aquello que es justo o injusto a nivel moral y sobre esta base examinar y criticar el comportamiento ajeno (de nuevo provoca el deseo de transgredir las reglas morales señaladas en el sermón). Sermonar, teniendo en cuenta que además supone puntualizar, recriminar y echar en cara, representa la quintaesencia del diálogo desastroso.

-¡TE LO DIJE!: Consigue provocar inmediatamente irritación,  descalificación y  rabia. Cuanto más implicados emocionalmente estemos más insoportable es oir que nos dicen “Te lo dije!” tras un acontecimiento desagradable. Vale también para sus variantes “yo ya lo sabía…”, “no me quisiste hacer caso…”. Si yo ya estoy enfadado conmigo mismo por haber cometido un error, que otro me recuerde que me lo advirtió no me ayuda en absoluto. Así que este otro se convertirá de inmediato en el pararrayos de nuestra rabia.

-“LO HAGO SOLO POR TI”: Hace sentir al otro en deuda y lo obliga a recibir un “generoso” acto altruista que le hace sentirse inferior. Genera mucha irritación y coloca al otro en una condición  emocional ambivalente: tendría que agradecértelo por la generosidad pero ¡yo no lo he pedido!. Y es que la declaración viola la regla de la llamada nobleza de espíritu de “nunca reclamar al otro lo que hacemos por él”. Un acto altruista declarado se transforma en una maniobra decidídamente egoísta.

-“DEJA, YA LO HAGO YO”: En apariencia se trata de un acto gentil para salvar al otro de su torpeza, pero en realidad el que “padece” la gentileza la siente como una descalificación de sus capacidades: “Déjame hacer a mi porque tú no eres capaz”. Este mensaje subterráneo envenena incluso la más sincera de las buenas intenciones.

-REPROBAR: Consiste en un primer momento en felicitar al otro y luego decirle que podría haberlo hecho mejor: “Sí, está bien, pero no es suficiente, podrías haberlo hecho mejor”. Esta es una receta invencible para crear problemas aun cuando no haya ni sombra de ellos.

Quien quiera echar a perder su relación no tiene más que echar mano de algunos de estos ingredientes.

Como escribió Paul Watzlawick en su “Teoría de la comunicación” hace más de cuarenta años, cuando comunicamos no cuenta únicamente el significado de lo que decimos, puesto que el cómo lo decimos lo amplifica, reduce o transforma el efecto.  Razones y emociones no están siempre de acuerdo, más bien a menudo están en conflicto. Lo más importante es acordarse de que habitualmente es la razón la que pierde mientras que la emoción gana.

 

Para más información lee “Corrígeme si me equivoco” de Giorgio Nardone.

 

Sobre el autor

Alicia García Aguiar

Psicóloga colegiada M-25212, especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado (psicoterapeuta oficial) del CTS que dirige Giorgio Nardone. Responsable de Formación del Máster Oficial de Sevilla. Para más información sobre este enfoque de terapia visita mi blog "De Terapia Breve Estratégica" (www.detbe.com)
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