Padre-e-hijo

1) LA DUDA: Un comportamiento real o presunto del hijo (mentir, fumar, encerrarse en su habitación, etc) adquiere una dimensión y una importancia insólitas, se habla a menudo de ello con o sin su presencia. Esto acostumbra a disparar en los padres una sensación de alarma, o una duda respecto a su normalidad en cuanto a salud psicológica, o bien, si está en contraste con ideas políticas, religiosas o morales que han sido transmitidas, se percibe como peligroso, pecaminoso o indigno.

2) REACCIONES EN CADENA: se inician las investigaciones sobre el presunto problema, los interrogatorios, los consejos, las protecciones, a menudo la consulta con especialistas. Todos los esfuerzos de los padres tienden a combatir o a compensar las debilidades del hijo (lo que por desgracia confirma al hijo su debilidad en lugar de aliviarla), a corregir o eliminar los comportamientos ilícitos, si se han iniciado, a través de sermones: éstos, usualmente, provocan la huida, las barricadas, los silencios, las broncas, las acusaciones recíprocas.

3) CÍRCULO VICIOSO: los padres insisten en las tentativas que fracasan, recurren a mensajes, acciones que han funcionado en el pasado y están presentes en sus sistemas educativos. El adolescente, que aún no posee un repertorio de respuestas originales, se defiende de estas presiones, pero de esta forma alimenta presiones posteriores. El adolescente puede, en este punto, intentar cerrarse en sí mismo o buscar en el exterior movimientos alternativos, configurando así un escenario de lucha entre dentro y fuera de su casa, entre lo viejo y lo nuevo. O bien pueden emerger formas de psicopatología. De esta forma, simples dficultades pueden estructurarse como problemas. En esta fase de búsqueda, más o menos larga, la puesta en acción de algunas actitudes y comportamientos puede parecer eficaz y obtener el efecto deseado, tanto por lo que respecta a los padres como al hijo. Por consiguiente, parece una solución y, como tal, se aplica como panacea en cada situación problemática. Esta adopción indiscriminada hace que la solución se convierta en algo que agrava el problema en vez de resolverlo.

4) EL PROBLEMA SE CONVIERTE EN REALIDAD: los problemas se complican, las soluciones requieren ajustes más pesados y tortuosos. La repetición rígida de los mensajes y el estilo de reacción se convierten en un mecanismo automático y espontáneo con la consiguiente pérdida de la conciencia de cómo se ha iniciado el proceso y se crea una posterior rigidez del modelo de interacción patológica.

En este punto se ha construido el modelo de interacción familiar en el cual cada uno de sus miembros percibe la realidad familiar según perspectivas rígidas y disfuncionales. Se llega a crear así una especie de círculo vicioso que alimenta el problema, estructurado sobre la base de las soluciones intentadas que no funcionan pero que incrementan la persistencia del conflicto. Es decir, las mejores intenciones que producen los peores efectos.

Tomemos un ejemplo de un muchacho que va mal en los estudios. Sus padres empiezan a pensar que está poco motivado y que es culpa de los profesores porque explican mal, les tienen manía, etc

Lo que intentarán hacer será animar al hijo, ayudarle a estudiar y a hacer los deberes o ponerlo en manos de profesores particulares para clases de refuerzo. Todo esto, directa o indirectamente, deja entrever una crítica en la relación con los profesores, que probablemente pretendían demasiado, y de esta forma se quita responsabilidad al hijo, pobrecito.

Los padres aumentarán su tendencia a ser hiperprotectores y a allanar el camino al hijo.

El hijo, por su parte, considerará legítimo no esforzarse demasiado porque tiene derecho a ser comprendido y ayudado.

Todo esto, habitualmente, no solo no hace que el hijo consiga mejores resultados escolares, sino que incrementa su tendencia a no esforzarse. Lo trágico es que, a pesar de este efecto deletéreo, los padres no cambian de táctica sino que insisten en el mismo modelo: está poco motivado y hay que animarle y hacer que le ayuden más.

O bien los profesores son demasiado rígidos con él, y entonces harán reclamaciones contra ellos, o procederán a cambios de clase o de instituto.

La tragedia final es que los padres, dentro de esta espiral disfuncional de intentos fracasados de ayuda, se sentirán buenos padres (¿qué pueden hacer más?) y los hijos se sentirán sin responsabilidad ya que de todas formas son víctimas.

En este punto, los padres percibirán al hijo como una persona problemática, a la que hay que continuar ayudando, en todo y por todo. Por tanto, generalizarán a todas las situaciones su intervención protectora. Por su parte, el hijo puede aceptar estas dulces pero urgentes atenciones sintiéndose protegido, pero siempre más incapaz de afrontar autónomamente los obstáculos de la vida.

En otros casos, el hijo podrá rebelarse y poner en acción comportamientos de rechazo, a veces también violentos. Por desgracia, esto confirmará a los padres la necesidad de posteriores correctivos, los cuales originarán, a su vez, una rebelión aún más feroz. La escalada simétrica, de este modo, puede llegar al extremo de la violencia.


Lectura recomendada para profundizar: "Modelos de familia. 
Conocer y resolver los problemas entre padres e hijos". 
Nardone, Giannotti, Rocchi. Herder)

Sobre el autor

Alicia García Aguiar

Psicóloga colegiada M-25212, especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado (psicoterapeuta oficial) del CTS que dirige Giorgio Nardone. Responsable de Formación del Máster Oficial de Sevilla. Para más información sobre este enfoque de terapia visita mi blog "De Terapia Breve Estratégica" (www.detbe.com)
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