EL MIEDO A LA IMPOPULARIDAD: PROSTITUCIÓN RELACIONAL

Todos necesitamos sentirnos amados, es una necesidad primordial, básica. Pero cuando esa necesidad básica se extiende a la de ser amado por todos y al temor excesivo a que alguien no lo haga, nos encontramos ante su aspecto más disfuncional, una auténtica prostitución relacional” (Nardone, Giannotti y Rocchi, 2003) que esclaviza al que la padece a constantes comportamientos que traigan consigo la aprobación externa.

Los afectados se mostrarán sin remedio constantemente disponibles y atentos y evitarán dar su opinión y/o expresar sus propias inquietudes para evitarles inconvenientes a los demás, para asegurarse de que la idea que tienen de ellos siempre es positiva.

Los demás nunca son importunados, tienen todos los derechos y el afectado solo todas las obligaciones, la de suavizarle la vida al otro.

Acaban por convertirse en frágiles y casi invisibles personalidades que guardan un gran dolor dentro: la seguridad de que si no se mostrasen tan disponibles y atentos, tan amables, confiados, serviciales y atentos, de que si se mostrasen tal y como son nadie los querría. Y cuanto más siguen el guion de la prostitución relacional y menos dan la opción a comprobar con la realidad que sus presupuestos son falsos, más acaban por confirmar esa terrible creencia.

Porque o bien no tienen en cuenta la idea de que es imposible ser querido y aceptado por todos y de que por tanto es mejor inmunizarse cuanto antes a los rechazos inevitables en lugar de actuar toda la vida tratando de evitarlos, o bien no tienen en cuenta que con frecuencia serán incluso más valorados y respetados si son capaces de marcar límites a los demás y a uno mismo. Es la regla ya conocida de que si hay abundancia de algo entonces vale poco: las actitudes altruistas y generosas se entenderán poco a poco como un signo de poca valía personal y un síntoma de debilidad y tenderán a verse más como un derecho personal de uno el recibirlas y no tanto un acto especial y meritorio del otro que debamos valorar positivamente.

Con este guion relacional se cumple por tanto especialmente el aforismo de Robert Ardrey que dice  “Mientras perseguimos lo inalcanzable hacemos imposible lo realizable“.

Como escribe el sociólogo Elster, “el altruismo genera egoísmo“, es una obligación social que todos nos comportemos con un sano egoísmo, en el sentido de que esperemos a recibir antes de volver a dar para que nos aseguremos de que todos recibamos y todos demos, y nadie se acomode en el puesto del que siempre recibe y valora poco lo que recibe.

La terapia breve estratégica puede ayudar a salir poco a poco de esta esclavitud relacional, superándose con técnicas hechas ad hoc  el miedo a la desaprobación, mientras se alcanza inevitablemente más estima personal (y paradójicamente más estima ajena), y una mayor libertad de acción y de decisión.

Es el mismo descubrimiento que realiza el dragón que buscaba la perla de la virtud suprema:

El dragón buscaba la perla de la virtud suprema por todas partes, por mar y por tierra, en las selvas y en los desiertos, sin lograr encontrarla nunca, y continuará buscándola hasta el infinito si no mira en un espejo de agua, para darse cuenta de que la perla de la virtud está incrustada sobre su cresta, exactamente sobre sus ojos

(Infórmate más sobre este tema en los libros de Giorgio Nardone “Las caras de la depresión” y “El miedo a decidir“)

About the author

Alicia García Aguiar Psicóloga colegiada M-25212, especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado (psicoterapeuta oficial) del CTS que dirige Giorgio Nardone, creador del modelo. Para más información sobre este enfoque de terapia visita mi blog "De Terapia Breve Estratégica" (www.detbe.com)

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