Una de las modernas formas de pánico que merece por su expansión un lugar propio en los manuales de diagnóstico es la llamada fobia social. Este tipo de trastorno, que lleva en su exasperación a ataques de pánico en concomitancia con la exposición al contacto social, es más una forma de obsesión al rechazo y a la opinión por parte de los demás que un verdadero miedo. Por otra parte, la reacción de pánico puede ser inducida no solo por el miedo sino también por obsesiones o por otras formas de percepción alterada de uno mismo, de los demás o del mundo circundante.

Lo que hace lo convierte en un trastorno de matriz más obsesiva que fóbica es el hecho de que quien padece este trastorno de pánico no tiene la duda y, por lo tanto, el miedo a la opinión o al rechazo ajeno, sino que está absolutamente convencido. En otras palabras, el “fóbico social” se siente rechazado o mal juzgado por los demás; no tiene solamente miedo a que esto pueda suceder, está seguro de entrada. Por tanto, se relaciona con los demás de forma siempre desconfiada y circunspecta, creando mediante esta actitud defensiva la disposición que le confirma el rechazo o la opinión negativa.

Esta patología provoca, por lo tanto, efectos realmente dramáticos de aislamiento social, que puedan devaluar gravemente la vida de una persona, haciéndola incapaz de relacionarse con los demás y con el mundo que la rodea. Los casos más graves conducen a una vida que se limita a los contactos con la propia familia de origen; en la mayoría de los casos el trastorno no llega a estos trágicos extremos aunque siempre está presente cuando se expone a nuevos contactos sociales o considerados arriesgados. En estos casos, la persona limita su vida social a la relación con la gente con la que se siente segura, que conoce desde hace mucho tiempo y de probada confianza; el terror se dispara en aquellas situaciones interpersonales donde se siente juzgado o en observación, por lo que el fóbico social vive en constante vigilancia o tiende a evitar situaciones de riesgo o se protege con personas de confianza. Esta estrategia protectora, sin embargo, no le salva de sentirse observado, juzgado y a menudo rechazado por los demás, y en el momento del malestar la única estrategia posible para evitar el pánico es la huida.

Este tipo de trastorno requiere un tratamiento realmente diferente del requerido por las formas de miedo puro, porque aquí se necesita trabajar sobre la convicción de ser juzgado y/o rechazado por los demás, antes que sobre la superación del miedo a afrontar situaciones que se creen espantosas.

Para saber más sobre este trastorno y la Terapia Breve Estratégica lee “No hay noche que no vea el día” y “Más allá del miedo” de Giorgio Nardone.

Sobre el autor

Alicia García Aguiar

Psicóloga colegiada M-25212, especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado (psicoterapeuta oficial) del CTS que dirige Giorgio Nardone. Responsable de Formación del Máster Oficial de Sevilla. Para más información sobre este enfoque de terapia visita mi blog "De Terapia Breve Estratégica" (www.detbe.com)
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