Las formas y tipos de premios y castigos a los que recurren los padres con la esperanza de lograr que los hijos sigan el camino correcto son variados. Los más comunes son: regalos por haber sacado buenas notas, prohibiciones de salir o de utilizar videojuegos y ordenadores, requisar el móvil o prohibir el uso de Facebook, etc.

¿Por qué razón esta estrategia resulta totalmente ineficaz en este contexto? Porque se subestima el hecho de que en este caso no es importante el comportamiento como tal sino su función: experimentar y crear autonomía e independencia. El premio que se recibe por haber ordenado la habitación funciona con el niño, para el que ordenar o no la habitación no tiene ningún significado especial, mientras que para el adolescente la acción tiene un significado, el de expresar su autonomía y su distanciamiento de las figuras paternas. De modo que si los padres imponen un castigo por un determinado comportamiento (no haber ordenado la habitación), el castigo puede confirmar que ese comportamiento es correcto, precisamente porque no es deseado  por sus padres.

La adolescencia exige poner en tela de juicio la figura de los padres, partir de esta premisa permite a los padres anticipar las posturas provocadoras y críticas del hijo, sin que los pillen desprevenidos y sin correr el riesgo de perder los estribos.

Sin embargo, cuando se supera el límite de la crítica o de la oposición tolerable, el progenitor ha de mantener el control y la jerarquía mediante una postura firme y decidida. Si no son los padres los que guían sino el hijo, toda la familia se equivocará.

La estrategia de los premios y de los castigos es sustituida por la de la consecuencia inevitable, esto es, se pasa de la idea de que el progenitor es árbitro del comportamiento a la idea de que el muchacho es responsable de las consecuencias de sus propios actos. Con palabras de Kierkegaard: “Estamos condenados a ser libres“, a elegir y ser responsables de nuestras decisiones y nuestros errores.

Eso significa devolver la responsabilidad de sus decisiones al muchacho y estar dispuestos a correr el riesgo de que se equivoque, porque solo así podemos ofrecerle la posibilidad de convertirse en un adulto responsable capaz de elegir y de corregir sus decisiones si es necesario.

Para más información lee “Ayudar a los padres a ayudar a los hijos. Problemas y soluciones para el ciclo de la vida” de Giorgio Nardone.

 

Sobre el autor

Alicia García Aguiar

Psicóloga colegiada M-25212, especialista en Terapia Breve Estratégica y miembro afiliado (psicoterapeuta oficial) del CTS que dirige Giorgio Nardone. Responsable de Formación del Máster Oficial de Sevilla. Para más información sobre este enfoque de terapia visita mi blog "De Terapia Breve Estratégica" (www.detbe.com)
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